Si soy de la vieja escuela,
de aquella época donde las
mujeres eran bellas por su elegancia
y respeto que tenían por si mismas y su alrededor.
Esperaban que el caballero conceda su mano
para encaminar a la damisela por aquel sendero.
Ellos quienes con su peculiar y hermoso detalle
iban en indagación de su amada.
Traspasaban bosques, trechos a caballo o a pie
sin importar el lodo cenagoso, luchando contro todo óbice
hasta alcanzar su querer.
Pernoctaban donde fuere
con tal de cumplir su fin añorado.
Amar y ser amada no era solo besar
sin decir una palabra.
Era un sin número de hechos
que buscaban el fin propuesto.
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