Hijo: Un día llegue al
lugar que pensé, sería especial;
donde recibiría
calor, amor y ternura.
Padres: Un día llego
nuestro hijo, quien no resulto ser como todos.
Hijo: Mis padres me
esperaban con ansia,
pero mi llegada
resultó ser para ellos un malestar.
Padres: Siempre deseamos
un hijo, pero no pensamos que sería así de difícil…
Hijo: Mis gestos
incómodos, mi dificultad al desenvolverme de la
misma manera que el
resto.
Padres: Era difícil
verlo, cogerlo, tratarlo… Hasta llegamos a decir que ¡Dios nos castigó!
Hijo: Nunca quise causar
molestia, ni quise incomodarlos…
Simplemente quería
amor y dar un poquito de lo que llevo en mi corazón.
Padres: Siempre lo
negamos, muchas veces hasta lo dejamos solo en casa supuestamente para tratar
de salir de esta cruda realidad.
Hijo: Cuanto daría por ser
como los demás, pero lo poco que tengo eso quiero dar.
Cada parte de mi
desea expresarse mejor.
Anhelo subir a un
árbol, patear el balón
Y… hasta decir
correctamente mamá y papá los amo…
Perdón papá y mamá
por no ser lo que habrían querido.
Padres: Fuimos tan ciegos,
ahora cada que lo miramos, vemos su inocencia que refleja paz y armonía.
Perdónanos hijo
porque no supimos apreciar que tu vida siempre fue una bendición.
Hijo: Lo único que ahora
espero es que algún día mi manera de ser cambie un poco sus vidas.
Padres: Realmente
cambiaste nuestras vidas, ahora valoramos cada detalle de la creación, y podemos
conocer y amar a su Creador.
En tu debilidad nos
hicimos fuertes juntos, y tu perseverancia es un ejemplo de fortaleza.
Te amamos