Así como la Química nos enseña
que al mezclar una o varias moléculas,
creamos soluciones nuevas.
La mezcla de Dios y
el hombre son la combinación perfecta.
De manera que la mezcla de dos personas
que tienen a Jesús como su esencia principal,
sus chispas de felicidad se encienden
y el cariño profundo crece más y no se apaga.
En cada momento el uno levanta al otro
y un aliento de vida es transmitido,
es decir cuidado al caerse porque prohibido es rendirse.
Jesús los conduce
y a pesar de todo seguirán para arriba.
Una amistad con nuestro Dios, no es la común.
Es la inimaginable e invencible.
Porque con Él, tu y yo, todo es mejor.
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